Crónica a los viajes pendientes
Por: Haniel Valdés Velázquez Levantarse de la cama y salir a conocer nuevos lugares se había convertido en costumbre. Algunas veces llegué más lejos que otras, todo lo que mi bolsillo de estudiante estipendiodependiente permitía, pero quedarse en el mismo sitio de ayer nunca fue la opción. La carretera se volvió una segunda casa, el dedo señalando horizontes el mejor transporte, mi vieja mochila al hombro, mi cámara al cuello y el viento como compañía. El evitar terminales solo por disfrutar de la incierta suerte del “botelleo”, el cambiar de ruta con cada camino que parecía más interesante que el anteriormente planificado, la magia de descubrir nuevos lugares, la adrenalina de saberte perdido. Viajar ya no era un pasatiempo, era una forma de vida, la guerra abiertamente declarada a la rutina era el mejor de los planes, quizás no hubiera aguantado muchos meses con esa vida tan agitada, quizás hubiese competido con Humbolt en par de viajecillos más, quizás ahora mismo estaría ...